Existe un cambio cuantitativo en cuanto al volumen de información textual a la que se tiene acceso, la velocidad de acceso y la cantidad de enlaces posibles entre componentes textuales separados que impulsa un cambio cualitativo en los procesos de lectura y construcción del conocimiento. Burbules en su libro “Educación: riesgos y promesas de las nuevas tecnologías de la información” equipara este cambio al producido por la aparición de la imprenta en cuanto a las efectos producidos en los cambios sociales, económicos, políticos, religiosos y educativos.
Dado que el conocimiento depende en gran medida de la organización significativa de la información, la existencia de nuevos métodos de organización implica cambios en la forma de conocimiento. En este sentido, el usuario de la información modifica, personaliza y convierte en propia la información recibida. Los materiales a los que se accede a través de internet permiten al lector leerlo de maneras múltiples, desvaneciéndose en cierta forma la distinción entre autor y lector.
La estructura de los entornos hipertextuales es análoga, según Vannevar Bush, a los modos en que aprendemos, es decir, en forma dinámica e interactiva, por medio de asociaciones y exploración. El proceso de seleccionar y asimilar activamente información nueva a partir de estructuras cognitivas coherentes para cada persona, combina las posibilidades que ofrecen los medios virtuales de aprendizaje (internet) con las teorías constructivistas.
La información que se recibe de internet debe ser contextualizada y ordenada por el usuario/lector/estudiante quien debe establecer las diferencias y relaciones significativas entre los datos e informaciones, y sólo en ese momento se transforma en conocimiento.
Lo interesante para mí es la posibilidad que se tiene de establecer el propio centro de lo que se aprende o conoce, convirtiendo los propios intereses en el principio ordenador de la investigación que se lleva a cabo.
Como ventajas de esta forma de conocimiento se destaca la posibilidad de generar enlaces múltiples entre nodos y puntos diversos de asociación, pero por el otro también fragmenta y descontextualiza cada nodo cuando este es liberado de la línea argumentativa inicial.
Me parece interesante traer a cuentas la versión hipertextual de la “paradoja de Menón” en relación con las formas de conocimiento: ¿Cómo buscar algo sin saber por adelantado de qué se trata o dónde hallarlo? No puede esperarse que el lector inexperto que se enfrenta con un sistema hipertextual complejo por primera vez, la descubra por mera búsqueda o por mero azar. Pero si el sistema cuenta con guías explícitas que conduzcan a dicho lector hacia puntos de información específicos, existe el peligro de que este se vuelva dependiente de tal organización y no desarrolle la suya.
Pero Burbules se pregunta también:
¿Estamos seguros de querer un entorno de conocimiento en el que los sujetos puedan generar modos completamente personales de organizar la información, dejando de lado los criterios con que las comunidades de la cultura y la tradición han tendido a conectar los elementos y establecer prioridades entre ellos? ¿Acaso equiparar los nodos de información y descentrar los principios organizadores conducirá a una mayor libertad, o todo lo contrario? Por otra parte, crear jerarquías y organizaciones del conocimiento explícitas ¿no da lugar a abusos?
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Lic. Graciela Fuertes
Especialista en Docencia en Entornos Virtuales con una trayectoria de más de 10 años en diversos proyectos educativos en todos los niveles....
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